10 razones para no tener hijos

10 razones para no tener hijos


No es que no ame los hijos, sino que quiero que tú y tus hijos vivan mejor.

Abordar una temática de este tipo no es para nada fácil y vivimos en una sociedad donde existe una falsa moral y una suerte de presión social subterránea, camuflada, silenciosa que impele, especialmente a la mujer, a tener hijos o a censurarla ocultamente cuando no los tiene o preguntarle cuándo los tiene. Como si al tenerlos el mundo fuera mejor, como si la sociedad avanzara con ello. Un hijo no hace a una mujer más mujer, ni a un hombre más hombre; de hecho, un hijo es una decisión, decisión que difícilmente debiera tomarse pues este mundo no es un lugar bello para vivir.

Hay mujeres que han tenido tres, cinco, diez o más hijos y eso no las convierte en más mujeres. A lo sumo ahora tendrán más problemas, más noches de desvelo. Un hijo no la hace más plena, ni más completa; sino que la legítima sensación y sentimiento de plenitud no provienen de factores externos, sino de la comprensión de la vida.

También, dentro de esta dinámica, la sociedad se las ha arreglado para hacer entrar en juego el falso concepto de familia como núcleo fundamental de la sociedad, pero no es más que una ilusión pues todos somos la gran familia terrestre. La familia somos todos, pero vivimos divididos, peleando y levantando fronteras sólo porque no comprendemos ese hecho fundamental.

Esta posición, la de no tener hijos, pareciera ser muy lúgubre y desesperanzadora, pero no es así, sino que es un acto de la más elevada humanidad, un acto de amor. No traer hijos al mundo precisamente porque se les ama mucho. Pero aparte de ello, porque existen poderosas razones de peso entre las que están:

1. Este mundo no es un lugar bello para vivir

Este mundo está lleno de todo menos de amor, de solidaridad, de sincera hermandad. Este mundo es bastante perverso y hay malicia, corrupción, muerte, hambre, accidentes, enfermedades, competencia despiadada, subyugación. Este mundo no es un lugar bello para vivir.

2. Con frecuencia se les trae por egoísmo y por miedo

Pero alguien dirá, es que los hijos también traen alegría y dicha. Y así es, y precisamente por eso muchos hombres y mujeres los traen. Pero eso en el fondo es un acto de egoísmo, porque por llenar el vacío de su vida, por sentirse realizados, sacrifican a un ser humano. Los padres estarán más felices, y ese hijo les hará olvidar los problemas de la vida, les dará un motivo de vida, una razón para luchar, y así avanzarán; pero a cambio de todo ello sacrifican a un ser humano, porque la vida pasa y tras ello sólo llegará la esclavización del ser humano a manos del ser humano, la vejez, las enfermedades, el abandono, el dolor de la partida.

En otras ocasiones se trae a un hijo por miedo, por miedo a no envejecer solo(a), para que sea una compañía, para que alguien cuide de nuestra vejez. Pero todos esos conceptos son infundados, son sólo un sueño, tener hijos no garantiza nada. De hecho, he visto a padres con más de diez hijos morir en el más completo abandono, incluso estafados y abandonados por sus propios hijos; pero también he visto que de donde menos se piensa surge una mano extendida. En otras ocasiones también se hace para continuar el linaje, pero ¿no ves lo superfluo que es ello en sí mismo? O también para heredar un legado, pero un hijo no es menos ser humano que otro ser humano, y hay personas cuya benevolencia realmente conmueve, y también hay hijos de corazón duro. Una causa no siempre está mejor en manos de un hijo, sino en manos de quien verdaderamente la ama.

3. Insuficiencia de recursos, inequidad, competencia y depredación

La vida es una competencia violenta e inhumana. Y traer un hijo al mundo es traerlo para que haga parte de esa dinámica, para que sea depredador o depredado, pues aunque en el mundo algunos viven con la más desorbitante opulencia, otros mueren de hambre. Traer un hijo al mundo sería dejar a otro ser humano sin comida o dejar a nuestro propio hijo sin comida. La razón: porque no hay recursos para todos, y no los hay ni siquiera por causas naturales, sino que la causa es el mismo ser humano pues, mientras unos viven en la más desorbitante opulencia, otros mueren de hambre. Si hay un pan, prefiero que el niño que ya ha nacido lo tome, pero no traer otro niño para que ahora uno coma y el otro muera o para que entren en conflicto y armen una guerra deshumanizadora.

4. Aumento de la pobreza

Traer un hijo al mundo es aumentar la pobreza. Y es que los gobiernos hablan de la disminución de los índices de pobreza, pero no hay tal, no puede ser más que una ilusión. Es imposible que la pobreza disminuya cuando precisamente las personas de bajos recursos económicos son las que más traen hijos al mundo. Si dos personas de bajos recursos traen a una tercera, o inclusiva a una cuarta, quinta, etc., los recursos que antes tenían para los dos (de por sí ya insuficientes) ahora deben alcanzar para tres, o cuatro, o cinco, etc. Así no puede disminuir la pobreza; así sólo puede aumentar. Ahora bien, las personas con amplios recursos económicos sí que podrían tener varios hijos y tendrían una calidad de vida óptima, digna. Sin embargo, son precisamente ellos los que menos tienen, lo que hace que la riqueza se concentre cada vez en más pocos, lo que se convierte en uno de los aspectos para que haya desigualdad e inequidad en el mundo.

5. Los posibles giros fatales

La vida es libre en su movimiento y uno nunca sabe qué pasará; puede que ese hijo, mientras va camino a la escuela sea arroyado por un auto que lo deje sin piernas, inválido por el resto de su vida. Entonces ¿cómo lidiar con el sentimiento de culpabilidad? Se hubiera podido haber evitado, se hubiera podido no traerlo… pero posiblemente se quería llenar un vacío, o quizás se era lo suficientemente irresponsable que sólo ha venido al azar. Son tantas las tragedias físicas como morales que pueden pasar, en un instante toda la dicha podría acabar.

6. Un hijo para la esclavitud

Traer un hijo al mundo es traer a un nuevo esclavo que hace de pieza de engranaje del sistema. Nace para el sistema, se educa para el sistema y luego trabaja de sol a sol toda su vida para el sistema. No tiene dignidad como ser humano, viene a resultar como una máquina. Y cuando ya no puede trabajar más es desechado y sólo le queda esperar la muerte. Una vida así no es una vida digna para un ser humano, no tiene una libertad auténtica.

7. El dolor de la partida

La vida implica a la muerte y sería descorazonador traer un hijo para que tenga que pasar por el dolor de ver morir a sus padres o, en su defecto, de los padres ver a morir a sus hijos. Cualquiera de los dos episodios son tan profundamente dolorosos que resultan impropios de la dignidad de un ser humano. Pero no sólo es la partida de los padres, también es la partida de otros familiares, del esposo o de la esposa, etc.

8. La replicación del infortunio

Un hijo sería la replicación del infortunio, pues ese hijo traería a otro, y ese otro a otro, y así sucesivamente, de modo que no sólo estaría afectando la vida de una sola persona, sino la vida de cientos y hasta miles de personas.

9. A mayores recursos, mayor bienestar

Entre menos personas, más recursos habría para todos, más bienestar en todo sentido, menos pobreza. No se trata de que nadie tenga hijos en absoluto, pues en tal caso la especie humana se extinguiría; se trata de que las personas que vivan en el mundo puedan vivir dignamente, acorde a un íntegro estatus de ser humano.

10. Comprensión, vida paradisíaca

Cuando las personas viven con bienestar entonces todo comienza a florecer y, a cambio de preocuparse por las necesidades básicas de la vida, el ser humano podría enfocar su atención en su propio florecer, en alcanzar la comprensión. Y esa comprensión haría imposible que hubiera de nuevo dolor en el mundo. Entonces se comprendería que todos somos de la misma familia, que nuestros temores o esperanzas son los mismos, que nuestras necesidades son las mismas. Entonces el paraíso no sería algo lejano ni distante, ni la dignidad humana sería un sueño.

Esto, por supuesto, sólo representa una posición personal pero, considero, está alineada con un acto de comprensión y, lo que es más, con un acto de amor y de reivindicación con la dignidad del ser humano. No obstante, más allá de ello, se encuentra la libertad de actuación de cada persona y el natural deseo de una mujer de convertirse en madre, de engendrar vida. Y no sólo es un derecho y un natural deseo, sino que inclusive no es nocivo si no va más allá de dos por pareja, más allá de uno por persona.

Si todas las personas del mundo tuvieran sólo un hijo, entonces la cantidad de habitantes se mantendría tal como está en la actualidad. Sin embargo, si por cada pareja sólo se tuviera un hijo, pronto la población se reduciría notablemente y habría más recursos para todos, se reduciría la pobreza, el hambre, y muchas cosas mejorarían.

Tener hijos como no tenerlos es una decisión, y ambas decisiones conllevan una gran responsabilidad. Tenerlos no hace a una mujer más mujer ni a un hombre más hombre. Y no tenerlos no hace a una mujer menos mujer y a un hombre menos hombre. Se trata de una decisión, sólo que conlleva una enorme responsabilidad pues se trata de traer o no a la existencia una nueva vida, un ser humano.

Imagen: pixabay.com

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